jueves, 16 de febrero de 2012

Medianoche de calores y poros abiertos (muy abiertos)


No me trates como si fuera tu fan. Soy tu chico y lo único que necesito es un te extraño de vez en cuando. Digamos que una de cada tres veces que escuches una canción cursi (pero buena) en tu celular, adivinando que soy yo aunque mi número esté oculto, porque sabes perfectamente (sé que lo sabes aunque te hagas la tercia) lo que soy capaz de hacer por ti.


Si, por ejemplo, me dijeras te quiero una de cada seis veces que te mire como imbécil y te diga lo bella que eres, aún sabiendo que te paltearás y que como una desadaptada me golpearás el pecho o me morderás el brazo, la clavícula o una tetilla, entonces sería sumamente feliz.

Que quede claro que hasta ahora he sido muy feliz. Más de lo que a veces soy capaz de gozar y percibir. ¿Pero no crees que sería bueno multiplicar ese sentimiento, como he multiplicado mis encuentros contigo, de una a tres o hasta cuatro veces a la semana? Porque es cierto que no soy de los que están ahí todo el tiempo, ni siquiera conmigo mismo. 

No me trates como si fuera tu fan ya te lo he dicho. Puedo ser un buen enamorado, pero jamás un buen pretendiente. Por suerte no tuve que serlo contigo y hasta ahora te lo agradezco.Y agradezco también todo este tiempo a tu lado. Todo este tiempo debajo de ti y algunas veces encima. Todo este tiempo de mordiscos en los labios, moretones en el pecho y terribles ansiedades por tu ausencia.

Y ahora que menciono la palabra ausencia, debo admitir que ese es tu principal defecto. No las espinillas invisibles (pero perceptibles) de tu nariz, ni tus costillas sobresalientes, ni tus pechos pequeños (que la verdad son bellos y tiernos como pocas cosas en este mundo), ni los vellos casi transparentes de tus piernas, ni tus pestañas postizas, graciosas y francamente innecesarias.

No preciosa, tu principal defecto (o atributo, que en ti viene siendo lo mismo) es la ausencia. Ese no existir entre beso y beso y que quizá contenga el más sincero amor. Ese vacío de antimateria que sólo llenan tus ojos de paloma hambrienta, negros como una tragedia pero brillantes como un incendio o el cielo más descarnado de un mediodía en febrero.¿Qué bonito sonó eso, no? Qué bonito suenan los días cuando te sientas en mis muslos hasta adormecerlos.

Creo que ya es tarde. Medianoche de calores y poros abiertos. Me viene el recuerdo de cuando te conocí, de casualidad como todo lo bueno en la vida. Recuerdo los pormenores y la gran contradicción entre desgracia y ¡oh, qué bonita chica! Tu cara de interesada e indiferente, como hasta hoy. Tu presencia y tu ausencia entre cientos de chismosos que esperaban ver un cuerpo carbonizado, sin saber que el que se quemaba por dentro era yo, mientras tú me calentabas desde lejos. 

Te lo dije aquella vez (mentalmente porque no pude hacerlo con palabras): no me trates como si fuera tu fan, no me dejes como si fuera tu ex y no seas mi flaca porque te vas a arrepentir el resto de tu vida. Que bueno saber que ya van dos años de arrepentimientos.