Esta noche el año debería acabarse. De no ser así, me quedaré varado en un sueño circular, en el que despierto desnudo en una mañana soleada (la primera de todas), tumbado en una cama comodísima, sin el menor ruido y contemplando un rostro que a la vez es un rastro.
Se ha completado un ciclo. Hemos dado la vuelta y tengo la oportunidad de retomar el camino. He pasado los últimos 365 días soñando, abochornado, molesto, confundido, pero muy consciente. Casi temiendo despertar. Convencido de que este año fue como una burbuja espacio-temporal, quizá moral, quizá metafísica, un mensaje del cosmos parecido a una luz o un calor distintivo.
He sido y soy un tipo con suerte, pero poco agradecido con las circunstancias. ¿Habrá llegado el momento de reivindicarme, ahora que todo tiene un sentido y un aprendizaje?


