domingo, 16 de octubre de 2011

Los rectángulos imposibles


Pensaba en ciertas cosas que leí por ahí, cosas que también pensé antes de leerlas y que ahora percibo con cierto disgusto. Todo tiene un sentido, aunque a veces este conduzca irremediablemente al vacío. Debería ordenar mis ideas antes de atreverme a exponerlas, pero prefiero una metáfora, una hermosa metáfora que lo resuma todo en dos o tres palabras. Las palabras a veces me aburren. La humanidad se aburre de todo y por eso evoluciona, engorda y muere despedazada por su propia ferocidad. 

Hay un tren que recorre la realidad transportando los malos recuerdos. Tal vez hoy no debí despertar.

Quisiera que un bosque me trague. Que uno de los tantos árboles parecidos a mí empezara a caminar ensartando en sus ramas desnudas las ropas de todas las mujeres hermosas del mundo, que la desnudez femenina fuera una obligación para evitar inconvenientes, que los inconvenientes no fueran obligación y que ahora no me importe nada, sólo sonreír como un subnormal con un plátano en la mano, sentado sobre un ladrillo o una silla de plástico, en un mundo inestable y hermoso como una burbuja de mercurio.