
Por una vez en mi vida quiero (me gustaría) decir algo constructivo y no tener que perder el tiempo disfrazado de sicalíptico pájaro o torpe individuo que trepa por las paredes del vecindario asustando a las escolares que acaban de descubrir la belleza de un pubis bien depilado. Por una sola vez, quisiera entender el drama de los cuadernos cuadriculados, la ingenua credulidad que lleva a las palomas a morir estrelladas contra su propio reflejo y el conflicto existencial de los mandriles que luego de aparearse devoran las cabezas de los machos más débiles, buscando así recargar sus bolas con un bufet de sinapsis.
Por una vez en mi vida, quiero volar hacia algo concreto, real como los gatos que huyen de la mañana y de los perros famélicos, camuflados en el tráfico y la facilidad con que pasa el tiempo, una sábana blanca o las huellas de un homicida que vuelve a la escena del crimen. Porque ellos siempre vuelven con su bolsa de pan, si son sicarios, o un libro de Bukowski o Alex Marx –¿No conocen a Alex Marx? –, si son poetas. Y sobre los poetas debo decir que dejaron de existir hace mucho tiempo, con la maldita costumbre de glorificar las diásporas, de prevenir los cánceres que curan la violencia, pero no la furia ni las otras venéreas que habitan los bares de mujerzuelas ebrias, chicles masticados hasta el hartazgo y una rata blanca paseándose entre las cervezas.
Por una vez en mi vida quiero poder volar y cazar al pájaro que, diariamente y envuelto en llamas, ultraja a las gallinas de mi corral.
¡Que letras tan perfectas, que prosa, que verso, que realidad...!
ResponderEliminar¡Simplemente una delicia!